Haciendo comparaciones de ligas es claro que la liga inglesa es la más atractiva de la actualidad. Pero no siempre fue así. La vieja tradición inglesa marcaba el juego como un constante ida y vuelta, el famoso “box to box” –de arco a arco-, pelotazos, boleas, mediocampos inexistentes, mucho salto y emoción.
También, sí tenía (y sigue teniendo) sádicos la sangre de siempre: patadas y más patadas que asustarían a cualquier kinesiólogo.
Pero, ¿qué es lo que hace a la Liga Inglesa atractiva hoy?
En gran medida, la coexistencia y pugna entre la tradición y la modernidad que, a diferencia de en la ciencia donde un paradigma supera a otro, aquí batallan en cada partido y nunca se superan el uno al otro.
La modernidad está representada por la inclusión de técnicos extranjeros como Arsene Wenger, Mancini, Capello, Angellotti o maravillas locales –escocesas- como Ferguson.
El juego de Wenger es la modernidad, el toque corto, los triángulos (ver infograma) que dibujan siempre sus jugadores en el campo; la marca intensa y equlibrada de Ferguson que no renuncia al 4-4-2 jugando por lo bajo, la asfixia de marca y buen toque de Angellotti con el Chelsea, el juego veloz, ofensivo y vertical de Mancini.
La tradición es el “box to box”, con el arquero sacando de sobrepique, los delanteros cargando y devolviendo a un volante que dispara de media distancia, tradicionalmente, al ángulo.
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¿Dónde podemos seguir viendo esto? En el Bolton, en el Birmingham, cada vez menos en el Tottenham, en el Wigan, el Reading o en todo lo que está debajo de la liga Premier: 1era, 2da, 3era… 10ma y así hasta completar las infinitas ligas inglesas.
A diferencia de Argentina y su fútbol mediocre de fricción, España y su monopolio de estrellas, Alemania y su juego expansivo e italia y su juego de capo cañoneris y defensas impasables –que no es tan así, luego veremos-, decía, a diferencia de todos ellos, el fútbol ingles tiene estos dos estilos que luchan constantemente, se superponen y se vencen mutuamente. Si bien la modernidad está ganando -como siempre en la historia-, la tradición se mantiene firme y no claudica y emociona ver, aun hoy, partidos sin medio campo.

