En nuestro mundo monoteista no podemos identificar a las deidades como entidades "negativas" o duales. Es decir, un dios no puede matar porque matar va en contra de la inmensa bondad que hay en el dios. Sin embargo, si miramos otros panteones un poco más complejos, vamos a ver que existen otro tipo de deidades duales, es decir, dioses que matan y destruyen porque como dioses su rol es destruir para crear nueva vida.
Por ejemplo, en el hinduismo, el dios Shiva es el dios destructor con hijos como Karttikeya, el dios de la guerra. Su inmenso poder destructor tiene su contrapartida en su poder creador, siendo una perfecta metáfora de la fuerza de la vida y la naturaleza: destruir y crear, destruir y volver a crear constantemente.
En nuestro humilde proto-panteón tenemos a Maradona, un dios considerado por muchos. Pero, yo me pregunto, ¿un dios -al estilo occidental- puede ser tan hijo de puta con sus sucesores?
Para mi Maradona es un dios destructor, un Shiva del fútbol argentino.
Su fuerza creadora dio luz al único mundial dignamente ganado por Argentina, al mejor gol de la historia -el triunfo moral sobre Malvinas-, a las lágrimas redentoras del mudial 90 -el peor subcampeón de la historia-.
En la otra mano, su fuerza destructora arrasó (arrasa) con todo lo que hay después de él. En vez de retirarse al Olimpo y vivir la vida que lo haría más grande, su trabajo es destruir todo lo que viene después.
Ya lo vemos cuando apuntalaba a Riquelme en su enfrentamiento con Bielsa, cuando enloquecía a Messi en el mundial 2010 para que no lo superara ("Leo ya me superó" tiraba), con Bilardo -su "mentor"-, Pasarella y la lista interminable de enemigos destruidos por su mano.
Esta misma ola arrolladora generó genios como Riquelme o Messi en el último tiempo que se criaron viendo al Diego amagar, pensar los partidos, ganarlos con goles épicos. La ola arrolladora generó vida también, porque Diego como dios destructor también creó nuevas formas que lo imitan y superan.
Hoy el maradonismo y los maradonistas (al mejor estilo del Shivismo y los seguidores de Shiva) se recubren el cuerpo de las cenizas de sus muertos, de mundiales olvidados, de glorias pasadas y critican a las nuevas generaciones por "no haber ganado nada", a Messi por "no saberse el himno". Sin comprender a Messi como jugador, como genio de la pelota, lo opacan con técnicos basura, como Batista -creación de Maradona- o Maradona mismo. Destruyen lo creado y volverán a crear luego de haberlo destruido.
Como un rio salvaje que aplasta todo lo que toca, no podemos dejar de admirarlo, no podemos dejar de admirar su fuerza destructora y nos quedamos atónitos. Sabemos que luego de ello viene la vida, que con el limo que deja las aguas crecerán mejores cultivos y no podemos dejar de afirmar que la muerte, como sostiene el hinduismo es la realidad última de la vida.